Después de tanto tiempo sin escribir en el blog, después de tantos meses sin dar señales de vida, pero sobre todo y ciñéndome al tema: después de tres meses de preparación para la carrera más importante del año, aquí estoy para decir que finalicé la San Silvestre Vallecana en 43:59, en la que es mi mejor marca personal en esta prueba hasta la fecha.
El comienzo fue bastante caótico y no empecé a correr a gusto hasta el kilómetro dos. Nada más llegar a las inmediaciones del Estadio Santiago Bernabéu, lo primero que hice fue conseguir una botella de Powerade (de color rojo, por cierto) de ahí corriendo para calentar hasta la esquina del Bernabéu por la zona de atrás, donde se accede tras haber acreditado un determinado tiempo, para buscar una cabina de aseo para vaciar mi vejiga y estar preparado para encarar los 10 km más rápidos de mi vida.
Mi pulsera me permitía salir en el cajón de tiempos inferiores a 45´. La primera avalancha la viví en primera persona (como todas) cuando un montón de corredores con y sin pulsera accedían a la calle Concha Espina por la fuerza y sin enseñar su pulsera. Poco después debía haber enseñado otra vez mi pulsera para entrar en la jaula que me correspondía, y tampoco me hizo falta mostrarla porque los corredores que tenían un tiempo inferior habían superado la cinta que les separaba de mi zona, y aquello se convirtió en un “marica el último” de forma literal. La “ley de la selva”, vaya. Debía conseguir una buena posición de salida por mi cuenta. Avancé no menos de tres metros echando un poco de cara al asunto y por un momento pensé que todo iba bien. Me quité el cortavientos porque me sobraba, con el calor que daba el tener tanta gente alrededor no era necesario. Estuve a punto de dejarlo encima de una valla que tenía a mi lado. He de reconocer que tengo demasiado apego a las cosas por poco valiosas que sean y me daba pena dejarlo, miré la talla de la prenda para volver a comprarla igual, pero de repente comenzó a llover. Todo cambió, apenas faltaban tres o cuatro minutos para que comenzara la carrera y llovía. Me volví a poner el cortavientos y me encorajiné en que debía hacer un buen tiempo.
Se dio el pistoletazo de salida con una cuenta atrás de 12 a 1 simulando las campanadas en sentido inverso. Se me olvidó poner el cronómetro a cero y tuve que reiniciarlo, finalmente mi crono marcó siete segundos menos que el tiempo que aparece en la web oficial. La avalancha rosa me impedía correr a mi velocidad y la lluvia tampoco ayudaba, al igual que el par de coches mal aparcados en la calle Serrano. Sólo recriminé a cuatro mujeres el salir donde no les correspondía, pero lo hice y me quedé a gusto. Eran cuatro mujeres de mediana edad (entre 35 y 45) corriendo en paralelo y estorbando a todos. Justo en ese momento empezó a granizar. El primer sentimiento de alegría llegó al pensar que había acertado a la hora de no tirar el cortavientos.
El primer objetivo era no caerse y el segundo correr deprisa. En ese momento habría firmado un tiempo superior al que hice sólo por el hecho de pensar que no me había caído. Ya en el paseo de la Castellana, llegados al segundo kilómetro, las sensaciones comenzaron a ser buenas hasta que vi que mi reloj mostraba 9:04 a los 2 km. Nada menos que 58´´ más de lo que debía hacer para finalizar la carrera en los deseados 42´ que a las primeras de cambio se antojaban como una marca imposible.
Fui marcando buenos cronos: 4:04,4:15,4:22 para finalizar en 21:45 los primeros 5 km. Teniendo en cuenta que la segunda parte es más dura había que apretar para no perder demasiado tiempo.
Un chico que no conocía me preguntó poco antes de llegar a la mitad de la carrera si ya habíamos pasado el kilómetro cinco, le dije que no pero que faltaba poco. Fuimos hablando de las malas sensaciones vividas al principio, él se mostraba más sereno que yo, me comentó que el pasado año hizo algo más de 44´ y eso que salió desde la parte final. Le acompañé hasta el comienzo de la avenida Ciudad de Barcelona, a partir de allí no pude seguirle el ritmo.
El sexto kilómetro lo hice en 4:10, le siguieron otros de 4:16,4:25,4:39 para finalizar el último en 4:42 firmando un total de 43:59. Superando los 44:32 de la SanSil 2007 pero por encima de los 43:32 que hice en el mes de noviembre en el Trofeo José Cano de Canillejas. Pude hacerlo mejor de haber tenido menos gente por delante en la calle Concha Espina y en Serrano, y si no hubiera llovido, pero también tuve suerte de no caerme (sólo vi una caída y fue en la parte final de Vallecas por culpa de una placa metálica que cubría una zona en obras) y de conseguir colocarme bien a lo largo de la carrera.
La San Silvestre es una carrera festiva, así es como la afronta un porcentaje muy alto de los participantes, pero luego están los que como yo, nos preparamos esta carrera para mejorar nuestros tiempos porque el perfil de la prueba es muy favorable para que esto suceda. Desafortunadamente ayer no pudo ser.