Hoy he salido a correr a las seis de la tarde, la temperatura era la ideal (supongo que en torno a 22º), me encontraba muy cómodo (en manga corta y mallas) y motivado, muy motivado. Como cuando era un niño y jugaba un partido de fútbol sala contra los de otro Colegio. Yo era de esos que disfrutaba de esos momentos como nadie, me ponía la camiseta del Colegio y me sentía el más feliz del mundo. Aunque el partido lo jugaba todo el día: empezaba cuando mi madre me despertaba por la mañana, y la mayor liberación de adrenalina llegaba de tres a cinco de la tarde. Esas dos horas de clases por la tarde eran interminables hasta que llegaban las cinco, de ahí al patio si jugábamos en nuestro campo, o andando con el profesor de gimnasia camino del Colegio contra el que nos jugaríamos nuestro honor. Casi siempre perdíamos cuando jugábamos en campo contrario, pero en el patio de nuestro Colegio nos transformábamos. Era un campo pequeño, con una pared al lado de uno de los laterales que apenas permitía sacar de banda. Nuestra arma secreta era saber aprovechar las dimensiones de la pista de cemento, para ello teníamos que tirar desde cualquier lado, corriendo mucho al principio para sorprender al rival.
He comenzado a correr con ganas. El objetivo era bajar de 22 minutos. Mañana hará un mes del último día que salí a correr para hacer marca, he salido más veces pero sin forzar. El día acompañaba, no había dolores, y durante los primeros metros todo iba bien. Debí hacer el primer mil en poco más de cuatro minutos y medio. Pero luego llegó el bloqueo. La verdad es que si no me hubiera cronometrado habría pensado que iba bien, que incluso iba rápido. Pero el tiempo es la máquina de la verdad y han sido 22´42´´. El ritmo que llevaba era lento, es importante hacer series de velocidad para aprender a llevar ritmos más rápidos. Habrá que motivarse sabiendo que cada vez voy bajando los tiempos, aunque sólo hayan sido 14 segundos respecto al conseguido hace un mes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario